Max Planck, Milstein y Rosario

Oftalmologo

Por Alejo Vercesi

Oftalmólogo

Un hito científico de primer nivel se produjo en Rosario, con la inauguración del Laboratorio Max Planck de Biología Estructural, Química y Biofísica Molecular, y la firma de creación del Centro Internacional de Microscopio de Excelencia Nikon de la Universidad Nacional de Rosario, que demandó una inversión superior a los 20 millones de pesos. Estuvieron presentes: el Jefe de Ministros, el Ministro de Salud, y el Ministro de Ciencia,Técnica e Innovación de la Nación; el rector de la UNR, el embajador de Alemania, el director del Instituto Max Planck de Alemania y el Director del Nodo Rosario Profesor Claudio Fernandez, verdadero factótum y promotor de la creación de la Sede local del Instituto.

Fernandez es un científico repatriado en 2000 por el Programa Raíces del Ministerio de Ciencia y Técnica de la Nación. Con la inauguración Argentina se posiciona a nivel Internacional en el campo de la investigación científica. Mediante el Resonardor magnético nuclear adquirido se visualizará el metabolismo de células vivas, situación que podrá resultar en la creación de fármacos en estadio preclínico. Argentina estaría en condiciones de patentar medicamentos nuevos, con el consiguiente ingreso de divisas generadas por los derechos de las patentes.

Muy emotivas fueron las palabras del Profesor Fernandez, reseñando todo el esfuerzo realizado para llegar a la concreción del objetivo buscado, pero con principal énfasis destacó la Política de Estado existente, que ha permitido avances impensables en el área de la Ciencia e Investigación.

El profesor Max Planck fue un científico alemán creador de la física cuántica, coterráneo de Albert Einstein, quién a su vez enunció los principios de la teoría de la relatividad. Ambos trabajaron en el Instituto Kaiser Wilhem, antes de la primera guerra mundial y predecesor del actual insituto Max Planck. Fernandez, recalcó la importancia de la ciencia en el desarrollo de los pueblos, recordando anécdotas de nuestros premios Nobel, Houssay,Leloir y Milstein.

De éste último, dijo, palabras más palabras menos, su impresión de que la ciencia cumple su cometido cuando los beneficios alcanzan a los sectores más necesitados de la sociedad. Quizás, Milstein, no hubiera emigrado a otro país si hubiera existido el Nodo Max Planck en Rosario. Sus trabajos sobre los anticuerpos anticlonales, que le valieron el premio Nobel, y que permitió la creación de numerosos medicamentos para el tratamiento de enfermedades que hasta entonces no la tenían, hubieran podido llevarse a cabo en nuestro país.

La socialización de la ciencia, producto de la actual política de Estado, debe ser reconocida por toda la sociedad, más allá de circunstanciales banderías políticas partidarias. Recuerdo, que en el frontispicio de la antigua Biblioteca de la facultad de Medicina figuraba escrito: ”cuando el conocimiento pertenece a unos pocos, envilece como el oro”


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