El Ingeniero de la medicina moderna

Robert Langer es el director del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT)  y  reconocido en la comunidad científica como uno de los investigadores más innovadores e interdisciplinares.

A mediados de los años ´70, cuando Langer terminó su doctorado en ingeniería química recibió una veintena de ofertas laborales tanto de  petroleras como de empresas químicas, a las que rechazó sistemáticamente. Según el propio Langer porque «tenía la esperanza de lograr un mayor impacto en la vida de las personas».

Al cabo de una prolongada búsqueda aceptó una posición posdoctoral poco remunerada en el Hospital Infantil de Boston, EEUU, en el laboratorio de un renombrado cirujano de la época, el médico Judah Folkman  «Yo era el único ingeniero de todo el lugar», afirma Langer. Ese trabajo en colaboración con la medicina lo haría durante toda su vida y sentaría las bases de novedosos enfoques para la administración de medicamentos en el tratamiento del cáncer, la diabetes, las enfermedades del hígado y muchas otras afecciones.

Hoy en día supervisa uno de los laboratorios más grandes del Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT), ocupado por más de 150 químicos, biólogos, médicos e ingenieros.  Cuenta con más de 1.000 patentes emitidas o pendientes en todo el mundo, ha otorgado licencias o sublicencias de tecnología a más de 300 empresas y ha ayudado a fundar más de dos docenas de start-ups tecnológicas.

 

Sus primeros trabajos

Cuando Langer llegó al Hospital Infantil, Folkman estaba intentando aislar compuestos que impidiesen el crecimiento de los vasos sanguíneos, algo conocido como angiogénesis. La idea era que estos compuestos podrían frustrar los tumores que necesitan un gran suministro sanguíneo para crecer. Folkman trabajaba con cartílagos que no contienen vasos sanguíneos pero no había producido suficientes resultados.

Al llegar Langer, se contactó con un frigorífico cercano y recogió una gran cantidad de huesos de vaca para extraer cartílagos y purificar cerca de un centenar de compuestos a partir de los mismos. Logró desarrollar polímeros biocompatibles que pudieran ser implantados de forma segura en animales y que administrasen gradualmente los compuestos deseados. Esto permitió probar los efectos sostenidos de inhibidores de la angiogénesis potenciales sobre el crecimiento de vasos sanguíneos alrededor de tumores. Hoy día hay muchos inhibidores de la angiogénesis en el mercado.

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Autor de más de 1.300 artículos y premiado con la Medalla Nacional de Ciencia, la Medalla Nacional de Tecnología e Innovación y el Premio Charles Stark Draper, considerado el equivalente del Premio Nobel para ingenieros.

 

Medicina vía chips

A principios de la década de 1990, Langer se interesó por las técnicas de fabricación de la electrónica y desarrolló, junto con su equipo, un microchips con pequeños pozos que podían llenarse con un medicamento y luego sellarse con una delgada tapa de metal. Una vez que el dispositivo se implantaba en el cuerpo, la tapa podía eliminarse por control remoto, permitiendo liberar lo que tenía en su interior. En 1999 Langer y Cima fundaron Microchips, hoy llamada Microchips Biotech,  para desarrollar esta tecnología.

“Estos sistemas hacen posible una dosis correcta, en el lugar adecuado y en el momento adecuado” indica Langer y sostiene que “si el fármaco viaja a su libre albedrío por el organismo  podría atacar células sanas, provocando náuseas, caída del pelo y debilitando el sistema inmune”. Además indica que las vías más adecuadas para el suministro de medicamentos son la piel y el sistema respiratorio, en lugar del sistema digestivo. “Los alvéolos pulmonares, encargados de llevar el oxígeno a la sangre, podrían transportar las moléculas de los fármacos” afirma Langer.

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Langer realizó avances en problemas cotidianos como el pelo encrespado o un recubrimiento para pilas que evita que tengan escapes y causen quemaduras si se ingieren accidentalmente.

Nanotecnología

Actualmente en los laboratorios del MIT, varios estudiantes e investigadores están trabajando en una nueva forma de administración de fármacos, que incluye el uso de nanopartículas.

Las nanopartículas se insertarían bajo la piel, en un procedimiento tan sencillo como una biopsia y viajarían hasta  tumores, por ejemplo,  para volver después al lugar de la inserción, donde volverían a ser extraída e insertadas en una máquina que «leería» la respuesta a los distintos fármacos.

Además se trabaja con el objetivo de producir nanopartículas que puedan proteger a compuestos terapéuticos a los que el sistema inmune atacaría, Langer y otros expertos han demostrado que las partículas que contienen ciertas sustancias químicas, como el polietilenglicol, tienen este efecto protector.

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La actitud de Robert Langer en el campo de la medicina le valió el respeto de los científicos y la admiración de sus colegas. Se le ha escuchado pronunciar varias veces «vamos a encontrar cuáles son los problemas más grandes y a abordarlos» y como sostiene Brem, un neurocirujano que trabaja en el MIT «se le ocurren soluciones en las que nadie más ha pensado y funcionan».

Fuentes:

Revista MÉTODE

Diario El Mundo

MIT Technology Review


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