“El dolor y la necesidad humana es de todos”

Mauricio Aragno pertenece a Médicos Sin Fronteras desde 2007 y ha estado en trabajando en más de 8 países. "Una inquietud por cambiar realidades" es el motor que lo ha movilizado desde siempre.

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Mauricio Aragno tiene 34 años, es argentino, Farmacéutico por la Universidad Nacional de Rosario y se sumó a Médicos Sin Fronteras en 2007. La vida de Aragno parece estar plagada de lugares y movimientos. Nació en Rosario, Santa Fe, se crió en San Vicente, un pueblo cerca de Rafaela, después volvió a estudiar en Rosario y ahora, “oficialmente”, vive en Roldán, cerca de Rosario, pero mientras realiza esta entrevista con Web de Salud está en la ciudad de Córdoba estudiando para una Maestría en Salud Pública.

Aragno cuenta que siempre estuvo relacionado al trabajo social “por una inquietud interna que siempre estuvo ahí” y en esa búsqueda le dieron ganas de “abrir las fronteras. Y fue descubrir que en otros lugares había problemáticas similares o peores que necesitaban un poco de alivio y pensé cómo poder dedicar mi vida y mi profesión a eso.”

Las organizaciones que brindan ayuda humanitaria no sólo precisan de médicos sino de muchos otros profesionales formados en Recursos Humanos, Finanzas o Logística. Los farmacéuticos como Mauricio se encargan de todo lo relacionado con la manipulación, el control y la disposición de los medicamentos, “también entrenamos a alguna persona local en el manejo de medicamentos ya que a veces no hay personas capacitadas para hacerlo”.

Lugares “extraños”

Aragno cuenta el descubrimiento que implica ir a lugares alejados (en varios sentidos). “Es un mundo nuevo en cada lugar que se va. Hace que uno se replantee un montón de cosas y se le da otro valor a lo más simple. El descubrir que somos tan dichosos de levantarnos y tener agua que sale de una canilla. Eso ya te hace descubrir una dimensión distinta porque la gran mayoría de la población en el mundo no tiene esa posibilidad”.

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Mauricio Aragno como cara de Médicos Sin Fronteras

“Cada realidad que me tocó vivir y enfrentar fue un descubrir que hay mucha necesidad en el mundo y que uno es muy afortunado también y que no lo valoramos y por eso no lo compartimos con otro”.

Mauricio, cuenta el ejemplo de trabajar en Zambia, “en el medio de la nada donde las culturas y las tradiciones son muy fuertes”. Allí encontró una cultura poligámica “donde el hombre puede tener a varias mujeres y todos viven en comunidad, muy bien, las mujeres se ayudan una con la otra, cocinan juntas, se cuidan los hijos. Descubrir otro tipo de visión de la familia”. En la India lo llamativo fue “la dimensión de la vaca, cruzando en medio de la avenida porque es un animal sagrado. Ver que hay otras visiones de la vida, de la forma de relacionarse con el medio ambiente, con los animales, con la tradición”.

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Entre sus viajes también recuerda su llegada a Liberia, en la costa oeste de África, “un país que sufrió 20 años de guerra civil. Me acuerdo cuando llegué y me mostraron un edificio de 5 pisos, ese era el Ministerio de Salud. Ese edificio estaba tomado, ocupado y saqueado por familias que vivían ahí, donde se suponía que estaba el Ministerio de Salud y que en realidad no existía”.

“Llegar a un país que no tenía ninguna estructura de salud fue algo muy fuerte, ver que un país podía estar con un sistema de salud tan débil que casi no había acceso ni coordinación de esa atención médica”.

Respecto a la adrenalina que se vive a la hora de emprender uno de estos viajes Mauricio cuenta que “no es tan difícil ir, por la motivación que uno tiene. Lo difícil es cuando uno vuelve y tiene que hacer un repaso de todo lo vivido e ir procesando un poco las cosas que uno naturalizó y no eran tan naturales. Uno piensa en el momento ‘es lo que hay’ y después te das cuenta que esa situación no estaba para nada bien y ahí es cuando uno hace ese proceso más interno e intenta comunicar un poco al resto”.

Web de Salud: ¿Estar en lugares donde las situaciones son tan extremas sirve para valorar las “pequeñas cosas”?

Mauricio Aragno: Yo trato de mantener ese registro, de darme cuenta de qué es lo que realmente importa y poder darle su valor a cada cosa teniendo en cuenta esas experiencias, y de que la vida pasa por otro lado.

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En un mundo que nos está todo el tiempo vendiendo que la felicidad pasa por irte a un All Incusive en la playa, poder darte cuenta que la felicidad pasa por ver la sonrisa de ese chico que estaba con malaria, se curó y podemos jugar y reir juntos. Esos son los recuerdos que quedan, los días en la playa quedan como recuerdos lindos pero no tienen ese mismo peso.

WdS: ¿Por qué irse a Haití y no a Baigorria, a Cabín 9 o al Impenetrable Chaqueño?

M.A.: Porque también lo hago y porque justamente no hay fronteras. Me enojo mucho cuando la gente me cuestiona eso y de alguna forma egoísta me dice “Y para qué te vas a África si podrías estar en el impenetrable chaqueño” Y seguro que podría estar ayudando en el impenetrable, ¿pero a África quién va? ¿Y por qué en un país y no en otro? ¿Porque es Argentina? Eso es lo que me movilizó de MSF, esta visión de que no existen las fronteras y de que el dolor y la necesidad humana es de todos y todos tenemos que ver la forma en la que lo podemos cambiar y no importa donde.

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WdS: ¿Qué se necesita para estar en MSF?

M.A.: Una inquietud por la necesidad de cambiar realidades. Se le llaman valores sociales. Es muy difícil definir que es tener un compromiso con la sociedad, pero yo creo que se necesita eso. Tener un compromiso personal por cambiar situaciones injustas, que nos duelen a todos y se necesita la inquietud de decir “necesito poner los músculos en eso”, ir y cambiar esa realidad. No quiero que se tome como superhéroe porque no lo es. No es que nosotros vamos y cambiamos las realidades, sino que lo que vamos y podemos dar un poco de alivio a esa realidad y después venir y contarla. Ese es el grano de arena que ayuda, no se si a cambiar, pero a mejorar un poco ciertas realidades.

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WdS: ¿Por qué unirse a Médicos Sin Fronteras?

M.A.: MSF es una organización más entre tantas que están ayudando a aliviar ciertas realidades. Yo creo que habría que unirse a MSF si uno tiene afinidad por los principios que tiene la organización y cree en lo que hace la organización y sino buscar otras organizaciones que están trabajando en distintas causas que sean las que a uno lo representan más.

Más allá de la organización es cómo el grupo de personas puede producir un cambio positivo y entonces tenemos que buscar esos lugares en donde nos sentimos cómodos para trabajar y para movilizar esos cambios. Se puede trabajar en MSF, pero no siempre es fácil y no siempre es la organización que más se ajusta a cada uno. Hay que ir buscando donde uno puede aportar más.

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