María Alejandra Molina: “Hay un uso indiscriminado de antibióticos”

La investigadora del CONICET en la Universidad Nacional de Río Cuarto fue reconocida con el Premio L’Oreal-UNESCO “Por las Mujeres en la Ciencia”.

Cuando iba a la secundaria, a María Alejandra Molina le gustaban todas las materias, por eso tal vez le costó mucho elegir una carrera. Para decidir, se descargó todos los planes de estudio de la Universidad Nacional de Río Cuarto (UNRC) y finalmente apostó por Química. Apenas empezó a cursar y entró a un laboratorio pudo confirmar que era lo suyo. Hoy, con 35 años, esta doctora en Ciencias Químicas se desempeña como investigadora del CONICET en la Facultad de Ciencias Exactas, Fisicoquímicas y Naturales de la UNRC.

El mes pasado, en París, Molina fue galardonada en la categoría Rising Talent (talento en ascenso) del Premio Internacional L’Oreal-UNESCO “Por las mujeres en la ciencia”, un reconocimiento anual al trabajo de científicas destacadas y que también le da visibilidad a los obstáculos que las mujeres suelen enfrentar en el ámbito científico, como el techo de cristal y la brecha salarial. Molina, que en 2017 ya había ganado el premio a nivel nacional en la categoría Beca, fue reconocida por el “desarrollo de nanogeles multifuncionales para terapia combinada con acción bactericida y fototérmica”. Esto es, el uso de nanopartículas para la liberación de antibióticos a partir de un estímulo generado por radiación infrarroja, que apunta a dar batalla a una problemática que desvela a científicos y científicas en todo el mundo: la proliferación de bacterias resistentes a los antibióticos.

¿Cómo se fue orientando hacia el desarrollo de nanogeles?

Empecé trabajando con hidrogeles, que son como las bolitas de gel que se hinchan con el agua y se usan para las plantas. La diferencia con los nanogeles es la escala. Durante el doctorado, trabajé con hidrogeles para liberación controlada de drogas con aplicación en materiales. Cuando lo estaba terminando, comencé a orientar el desarrollo hacia aplicaciones biomédicas y nanopartículas, ya que la nanoescala es clave en el área. Para el posdoctorado, en Alemania, propuse trabajar en nanogeles para aplicaciones biomédicas. Como me inserté en un grupo que trabajaba sobre cáncer, me enfoqué en esa enfermedad. Ahora volví a formar parte del equipo con el que hice mi doctorado, dirigido por César Barbero, e inicié una línea de investigación en colaboración con Inés Yslas, Fabrisio Alustiza (del INTA Marcos Juárez) y becarios doctorales.

¿Por qué es importante la nanoescala para las aplicaciones biomédicas?

Porque en la nanoescala las propiedades del material cambian. Podemos dirigir un medicamento o una terapia a la parte del cuerpo que queramos, cosa que no podemos hacer con los macromateriales. En el caso de estos nanogeles sensibles a estímulos podemos controlar muy bien la velocidad de transición de fase, es decir, la velocidad a la que cambian de volumen. Esto es muy interesante porque, si necesitamos que colapse un material, que es lo que nos permite liberar un antibiótico, en la macroescala tarda varios minutos, mientras que en la escala nano esto sucede en apenas unos segundos.

¿Qué problema buscan resolver con este desarrollo?

Uno de los problemas principales de esta época es la resistencia que las bacterias han generado a los antibióticos. Por eso, cuando volví a la Argentina después de hacer el posdoc, quise orientarlo hacia una aplicación relevante que yo pueda llevar a cabo en mi lugar de trabajo. Volví a la UNRC, me puse nuevamente en contacto con Inés Yslas y le propuse desarrollar nanogeles para una terapia combinada bactericida y fototérmica, dirigida a las bacterias resistentes a los antibióticos, algo en lo que ya venía trabajando ella.
“Se nos devaluaron todos los subsidios y no podemos comprar los equipos y reactivos que necesitamos”, dice Molina.
Además de liberar antibióticos, ¿la acción fototérmica permitiría eliminar a las bacterias que resistentes a ellos?

Claro. El nanomaterial tiene la capacidad de absorber radiación y de calentarse. Cuando se calienta, juntamos las dos terapias. Liberamos el antibiótico y, aquellas bacterias que no se mueren por la acción bactericida, se mueren por el shock térmico producido por el nanomaterial. Esa es otra de las ventajas de la nanoescala: el shock térmico que se produce focalizado en un nanomaterial es mucho más eficiente que en la macroescala.

¿Para qué aplicaciones se podrían usar los nanogeles?

En principio, pensamos en dos aplicaciones. La más inmediata, porque no lleva ensayos clínicos en animales ni en humanos, sería usarlos en la superficie del material quirúrgico para tratar el problema de las infecciones intrahospitalarias. A largo plazo, podríamos pensar en orientarlos a infecciones humanas. Hasta el momento, tenemos hecho el desarrollo de la síntesis de los nanogeles, su caracterización, encapsulación y la liberación de antibióticos. Ahora estamos empezando con las pruebas in vitro en bacterias.

¿Cómo tienen pensado hacer la transferencia del desarrollo una vez que esté terminado?

Todavía no lo tenemos definido. Por lo general, lo que solemos hacer cuando vemos que el desarrollo tiene una aplicación que puede funcionar es patentar el producto. Posteriormente, esperamos a que alguien se interese en su desarrollo para poder costear las pruebas más caras.

¿Qué dificultades han tenido para avanzar con el desarrollo?

La principal dificultad es monetaria: se nos devaluaron todos los subsidios y no podemos comprar los equipos y reactivos que necesitamos. También pasó que el año pasado estuve embarazada y entonces no podía entrar al laboratorio a hacer síntesis. En cuanto al desarrollo de los materiales, no tuvimos muchas dificultades porque ya teníamos bastante experiencia en este tema.

¿Qué tan grave es el problema de la resistencia a los antibióticos? ¿Qué estrategias se plantean para combatirla?

El problema es gravísimo porque estamos perdiendo todas las ventajas que tenían los antibióticos cuando surgieron. La resistencia se da por varios factores. Uno es el uso indiscriminado de antibióticos y la automedicación. También llegan al organismo a través de los animales de consumo, que están siendo bombardeados con antibióticos. Como principal estrategia, creo que hay que concientizar a la población en contra de la automedicación. En cuanto a las estrategias que se llevan a cabo en ciencia, están las terapias combinadas, basadas en estímulos como la temperatura y la luz. También hay otra rama que se dedica a desarrollar nuevos antibióticos que sean capaces de eliminar a las bacterias resistentes.

En 2017, ganó el Premio L’Oreal “Por las mujeres en la ciencia” en la categoría nacional y este año fue distinguida en la internacional. ¿Cómo impactan estos reconocimientos?

Principalmente, en dos cosas. En primer lugar, el aporte económico es fundamental para seguir investigando, especialmente en este momento en que hay una crisis profunda en la ciencia argentina. El año pasado pude investigar gracias al premio porque hace dos años que estoy esperando cobrar unos subsidios que ganamos. La otra ventaja es que me da visibilidad y en esta etapa de mi carrera me sirve mucho porque estoy intentando iniciar mi grupo de investigación. Es importante que la comunidad científica me conozca, tanto para conseguir gente que quiera trabajar conmigo como también para tratar de obtener mejores subsidios.
“Estamos perdiendo todas las ventajas que tenían los antibióticos cuando surgieron”, sostiene la investigadora.
¿Ha tenido obstáculos en su carrera por ser mujer?

Yo no, pero conozco muchas colegas que los han tenido. Desde entrevistas de trabajo donde les han preguntado si quieren ser madres hasta problemas que naturalizamos y no nos damos cuenta. Por ejemplo, en mi primer embarazo estuve un año y diez meses afuera del laboratorio y estas cosas nos ponen en situación de desventaja con nuestros pares masculinos, que siguen con su producción científica. Hace unos días, supe de una becaria del CONICET que tuvo que renunciar al doctorado porque su jefe la menospreciaba por ser mujer. Por suerte, la situación está cambiando de a poco. Gracias a la marea feminista de los últimos años estamos logrando avances también en el ámbito científico.

Volvió de Alemania a fines de 2016, cuando la situación en la ciencia empezó a complicarse por los recortes presupuestarios. ¿Se cumplieron las expectativas previas?

No, no se cumplieron para nada. Cuando pedimos el retorno con mi marido, que también es científico, lo hicimos con el Programa Raíces. Era diciembre de 2014, un momento en el que la ciencia tenía bastante inversión y planeábamos volver. Cuando retornamos, a fines de 2016, volvimos a otra realidad. Fue un frenazo muy rotundo. Cuando se desmanteló el MINCYT, en casa se respiraba mucha tristeza. Empezás a pensar: “¿Qué hacemos? ¿Nos vamos de nuevo?”. La verdad es que no queremos irnos, pero terminás sintiéndote empujado.

¿Y qué tan cercana está hoy esa posibilidad?

Para nosotros es más sencillo porque ya estuvimos afuera y tenemos los contactos, pero creo que cualquiera que tome la decisión de irse tiene buenas chances de conseguir algo afuera, al menos por unos años. Qué tan cercana vemos esa posibilidad, es algo que podría responder después de octubre. A mí me gustaría que mis hijas se críen acá, así que por ahora sigo apostando a mi país y a la universidad pública, pero no sé por cuánto tiempo esto es factible a costa de que no podamos trabajar.

Fuente: Nadia Luna – Agencia TSS


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