Cirugía de reasignación de sexo: “Yo me quería sentir bien, quería sentirme lo que era”

Desde 2014 se realizan en la ciudad de Rosario cirugías de reasignación de sexo. El Dr. Daniel Lizzi da detalles sobre la intervención y Perla Daniela Pérez, una mujer operada, cuenta cómo vivió en carne propia la intervención y por qué decidió realizarla.

El mundo avanza a gran velocidad. Tal vez no tanto como los avances científicos pero lo cierto es que los avances sociales (o retrocesos) no se detienen. Si pensamos en la posibilidad de cambiar la anatomía sexual de las personas no podemos dejar de citar algunas leyes que terminan de dar legitimidad a algo que la ciencia tal vez puede hacer de algún tiempo antes.

En 2010 se sanciona la ley de matrimonio igualitario que permite a personas del mismo sexo gozar de ese contrato que habilita a heredar, a tener patria potestad compartida, y beneficios previsionales entre otros derechos. En 2012 la ley de identidad de género permite a las personas ser nombradas en los documentos oficiales por la identidad y el sexo por el que ellas mismas se autoperciben. Tambíen se pueden nombrar a la Ley de Educación Sexual Integral de 2006 todavía no implementada en gran parte de la Argentina, pero lo que queda claro es que las sociedades cambian constantemente y lo que ayer pudo ser penado por la ley hoy, en algunos casos, es considerado un derecho.

Daniel es Urólogo y está a cargo de las cirugías de reasignación de sexo (Genitoplastías) que se hacen en el Hospital Provincial del Centenario de Rosario para la Secretaría de Salud Pública de la ciudad de Rosario. Además forma parte de la cátedra de Urología de la Facultad de Ciencias Médicas de la Universidad Nacional de Rosario.

Dr Daniel Lizzi

Dr Daniel Lizzi

Explica que una genitoplastía es la conversión de una persona genotípicamente hombre para crear y modelar una neovagina con un neoclítoris con la posibilidad de mantener actividad sexual. Además se modela su uretra para que puedan orinar sentadas y con las características externas semejantes a las de una mujer, imposible de diferenciar si está operada o no”.

También reconoce que es una cirugía difícil de homologar con otra “es relativamente extensa, dura alrededor de cuatro horas. El espacio de la neovagina va entre la cara anterior del recto y la cara posterior de próstata y vejiga ese es el momento más álgido de la cirugía. Luego se modela la vagina y el clítoris. 

“Es una cirugía de por sí sangrante. Porque a pesar de que todo vaya 10 puntos la paciente sangra. A su vez genera un gran shock hormonal por la extirpación de los testículos, que genera una privación violenta del flujo de testosterona, por eso en los primeros 15 días las pacientes bajan varios kilos de peso” y aunque pueda ser una intervención muy radical para el cuerpo de la persona asegura que “esta cirugía no va a traer ningún inconveniente a futuro”.

La experiencia de Perla

Perla Daniela Pérez se operó el 3 de agosto de 2019 a los 65 años. “¡Hacía un frío!” recuerda. “Fue el sueño de mi vida de operarme. Unos 10 años atrás el Dr. Bertone me lo había propuesto pero le dije que no porque primero tenía que terminar mi casa”.

Perla Daniela Perez. Operada a los 65 años de edad.

Perla Daniela Perez. Operada a los 65 años de edad.

Ella pudo ser beneficiaria de la ley de reparación histórica contemplada en la ley provincial de Santa Fe N°13.298 que reconoce a las personas trans como presas políticas por su identidad de género durante la última dictadura militar. Gracias a eso pudo acceder a una obra social (IAPOS) y haciendo todos los trámites correspondientes pudo acceder a la operación con el Dr. Lizzi.

Cuenta que “desde que tenía 5 años ya sentía que era homosexual” y ya de adolescente se fue de San Genaro para vivir en Rosario: “el 24 de mayo [del 2020] se cumplieron 42 años de la primera vez que caí presa de la mano de la división Moralidad Pública”.

“Me operé porque yo me quería sentir bien. Yo necesitaba operarme, me gustaba poder usar un short, una maya o una calza y que me quedara bien. Yo me quería sentir bien, quería sentirme lo que era”.

“‘¿Vos sos travesti?’ me preguntan y yo digo que no, yo soy una mujer. Soy mujer porque tengo vagina, yo me siento que soy una señora”. Respecto de la operación cuenta que en ningún momento se arrepintió “al contrario, estoy contenta”.

Después de la cirugía tuve un proceso de dos meses y 10 días para poder volver a tener relaciones sexuales. Me realicé masajes con calibradores y me limpiaba según todas las indicaciones médicas”. 

Cabe destacar que en el caso de estas operaciones se hace un acompañamiento a las pacientes desde lo psicológico, lo hormonal y desde lo legal para que ellas puedan tramitar su nuevo DNI en el caso de ser necesario.

WdS: ¿Quedaste conforme con los resultados?

PP: Yo quedé re contenta porque nunca tuve problemas con mi vagina. Nunca supe lo que era una gota de sangre ni tuve dolor y me siento yo, la Perla que quise ser toda mi vida. Me siento muy pero muy feliz. Me gusta verme.

WdS: ¿Cambió en algo tu forma de pensar hacer estas operaciones?

DL: No cambió nada que no haya pensado antes. Sí me siento mucho más útil pudiendo ayudar a estas chicas en un lugar donde no hay nadie que pueda hacerlo. Saber que hay alguien que puede ayudar a estas chicas que han sido a lo largo de la historia perseguidas, maltratadas, humilladas. Es muy lindo sentir que uno puede ayudar y colaborar.

Entrevista completa:


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