De la ‘nueva normalidad’ a la ‘nueva moralidad’.

Dr. Ricardo Nidd

Profesor Adjunto Medicina Preventiva y Social

La Pandemia de COVID-19 es un fenómeno planetario que nos conmociona. No hay nación en el mundo que no haya registrado, al menos, un caso. “Ha habido en el mundo tantas guerras como pestes y, sin embargo, pestes y guerras cogen a la gente desprevenida…” (1)

Un poco de historia

Hay un sabido dicho del sanitarismo: un brote nos puede sorprender, una pandemia no. Pues volvimos a tropezar con la misma piedra.

Una epidemia es un fenómeno biológico, social, cultural, médico, económico, ambiental, político e histórico.

Técnicamente, se trata del aumento brusco e inesperado de la incidencia de una enfermedad en un lugar y en un momento determinado. La expansión geográfica de la epidemia, es una pandemia.

Una sola causa no puede explicarla. Nunca. Hay un complejo juego de determinaciones que interactúan para que ella se produzca.

En todo caso, un inestable equilibrio entre naturaleza y sociedad se rompe en un momento por factores que involucran en mayor o menor medida la acción humana. Esta ruptura se produce en un contexto, en un tiempo y en un espacio. Su dimensión, también está supeditada a las circunstancias.

En la historia, las epidemias, en tanto fenómeno de masas, han estado atadas a movimientos poblacionales. Los procesos sucesivos de urbanización, algunas veces han devenido en catástrofes sanitarias.

La viruela y el sarampión diezmaron las poblaciones originarias de América, en la época de la conquista. Al terminar el siglo XVI, entre los españoles y sus microbios habían dado cuenta del 95% de los americanos. No es cuestión de minimizar la brutalidad de los conquistadores, pero es probable que el arma más letal fuese su invisible portación. La desproporción entre el número de habitantes y el de invasores hace imposible que el genocidio se haya debido solo a las masacres. (2)

Más acá en el tiempo, la mal llamada Gripe Española (1918-1919) fue la responsable de 30 a 100 millones de muertes en 8 meses. Norteamérica y Europa, principalmente, sepultaron millones de jóvenes. Ningún evento planetario (ni la peste bubónica ni las guerras mundiales) sumó tantas víctimas en tan poco tiempo. (3)

Un pie de página: al inicio de aquella epidemia, el influyente Journal of the American Medical decía que no había que atribuirle demasiada importancia. Un mes después, la comunidad médica reconocía que no era posible -por su magnitud- reportar fehacientemente la totalidad de los casos. 

Otro pie de página: “…aunque todos sabían que la epidemia fatal había comenzado en Boston, se la siguió llamando Gripe Española…” (3). No fuera cosa que se tratara de la Peste de los Estados Unidos…

COVID 19

A la fecha de la redacción de este artículo (y evitaré entrar en el análisis pormenorizado de las cifras, debido a que la pandemia está en curso) sabemos que en el mundo se han registrado más de 7.000.000 de casos y más de 400.000 muertos por COVID 19, que EEUU es el país con más contagios (y también con más fallecimientos), seguidos por Brasil y Rusia, mientras que el Reino Unido, India, España e Italia contabilizan centenas de miles de infectados.

Todos han superado a China, el epicentro original donde se asume que surgió la Pandemia en Diciembre del 2019. 

La economía 

La humanidad observa absorta cómo han sido cancelados los desplazamientos mientras la economía mundial se desmorona. La rápida propagación del virus ha confinado a millones de personas en todo el planeta.

Los Estados han debido reorganizar sus prioridades para dar respuestas sanitarias y financieras rápidas y eficientes.

La afirmación de que las consecuencias macroeconómicas se deben a las medidas de aislamiento más o menos rigurosas y no a la pandemia en sí misma, se derrumba a la luz de la estrepitosa caída del PBI de Naciones que han tenido estrategias opuestas de aislamiento y están igualmente perjudicadas. He aquí algunos ejemplos (4)

La impresionante velocidad del colapso encuentra sus razones en la globalización neoliberal.

En efecto, la Pandemia comenzó en China, base de la producción de muchas de las partes, insumos intermedios y bienes finales.

Juan Perez Ventura (5) escribió en su blog “El nuevo orden mundial en el siglo XXI”, que las multinacionales, para mejorar sus ingresos han buscado disminuir sus gastos en recursos humanos, ‘deslocalizando’ la producción: trasladando los procesos industriales a Asia, África y Latinoamérica. 

Cuando ese engranaje de la producción se interrumpe (en este caso por la epidemia), el sistema económico mundial cruje. Y ahí vamos. 

Muchos autores atribuyen la siguiente sentencia al Profesor Louis Hackett, quien en 1950 habría advertido que cuando la gente se está cayendo continuamente en un abismo, es más barato y más humano construir una barrera en la altura que un hospital en el fondo.

Pues bien, la economía del mundo se ha estado organizando en el sentido contrario.

El 25 de septiembre de 2015, la Asamblea General de las Naciones Unidas adoptó la Agenda 2030 para el desarrollo sostenible, donde se compromete a ”… poner fin a la pobreza y el hambre en todo el mundo de aquí al 2030, combatir las desigualdades dentro de los países y entre ellos, a construir sociedades pacíficas, justas e inclusivas, proteger los Derechos Humanos y promover la igualdad entre los géneros, el empoderamiento de las mujeres y niñas y a garantizar una protección duradera del planeta y sus recursos naturales…” (6)

Es inevitable, para ello, revertir los procesos de producción y consumo actuales.

Cuando observamos la curva de crecimiento de la población mundial y vemos la forma en que el modelo económico y social vigente ha corrompido los ecosistemas, podemos comprender el motivo de la mutación de los microorganismos: es pura supervivencia. (7)

El Coronavirus hizo un salto de especie aparentemente en diciembre de 2019 en la ciudad de Wuhan. Lo demás es historia conocida.

Esta epidemia, como casi todas, es imposible de superar sin la participación de las masas. El individualismo hace prevalecer los intereses particulares sobre los del colectivo, sin aceptar que el bien social contempla el bien particular, incluyendo la libertad futura. En tiempos de peste, dirá Albert Camus, sólo hay historia colectiva, caducan los destinos individuales.

¿Y después?

El después se está construyendo ahora y la pandemia es un campo de batalla. Aún dentro de los límites de la globalización neoliberal, concentradora en lo económico e individualista en lo cultural, se observa un creciente proceso de cooperación mundial con el resurgimiento de cierta institucionalidad internacional que sostiene políticas preventivistas en materia de salud, medioambiente, alimentación y reducción de la pobreza. A su vez, muchos Estados comienzan a establecer nuevas prioridades. La ‘nueva normalidad’ estará determinada por una ‘nueva moralidad’.

Referencias

(1) La Peste, Albert Camus, Premio Nobel de Literatura 1957

(2) Revista Caras y Caretas Año 59, nro 2365-mayo 2020, Diego Armus

(3) Pandemia: virus y miedo, Editorial Paidós, abril 2020, Mónica Mûller

(4) Página 12, 31/5/2020, Alfredo Zaiat

(5) Juan Pérez Ventura, blog El nuevo orden mundial en el siglo XXI

(6) ONU, AGENDA 2030

(7) Revista Soberanía Sanitaria, año 4-mayo2020, Mario Róvere


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  1. José Manuel Corchuelo Blasco

    Reseña de excelencia, bibliografia y notas al pie (que están el el texto, esta bueno también eso) conducentes y de satisfacción de información.
    De su lectura me estoy dando cuenta que me los estoy perdiendo, y de aprender. Me sumaré a quienes los siguen.


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